La innovación tiene muchas caras y no todas miran hacia el futuro. En ocasiones la tecnología más puntera, los drones en este caso, nos ayudan a entender nuestro pasado. La conservación y divulgación del patrimonio se ha convertido en una de las fuentes de trabajo más inspiradoras para el equipo de Aerial Insights, no solo desde el punto de vista del procesado de imágenes, mapas y objetos en 3d, sino por la oportunidad de conocer entornos históricos de un valor incalculable. En esta ocasión, Aerial Insights entrevista a Miguel Fernández, arqueólogo fundador de Virtua Nostrum y pionero en el uso de drones para investigación en arqueología y patrimonio.

¿Qué es Virtua Nostrum?

Es un proyecto de tecnologías aplicadas a la arqueología y al patrimonio. Utilizamos drones, cámaras reflex terrestres y un escáner para hacer reconstrucciones 3D y documentación de yacimientos tanto para investigación como para divulgación. Poco a poco, hemos ido especializándonos en el uso de drones para fotogrametría. También hacemos cursos de formación en nuevas tecnologías y estamos arrancando un proyecto personal de divulgación: Arqueo vuelos.

¿Apostasteis por los drones desde el principio?

Pues casi, yo soy operador desde 2015. Pero ya hacía tiempo que estábamos seguros del potencial de los drones en nuestro campo. Veíamos la necesidad. Por volumen de extensión y la complejidad geográfica de algunas zonas hay prospecciones que no puedes hacer con una cámara normal en la mano. Por ejemplo, cuando estábamos empezando tuvimos que hacer una fotogrametría de un puente sobre el río Tajuña. Había habido un accidente con una cosechadora que había sacado a la luz todo el empedrado del siglo XVII. Eran casi 50 metros de puente. Y lo hicimos a mano, con una cámara réflex. Nos salieron más de 400 fotos detalladas. Hoy en día lo haría mucho más rápido con un drone.

¿Qué otras aplicaciones tiene el uso de la fotogrametría en la arqueología?

Es muy importante para la documentación final de un yacimiento. Por ejemplo, recientemente fuimos a una villa romana que habían excavado en Badajoz e hicimos un modelo 3D que ahora se puede ver cuando visitas la excavación. También se utiliza mucho en reconstrucción de edificios, tanto por arquitectos como por arqueólogos. Las ortofotos son muy buenas para hacer el seguimiento de la obra y los drones permiten mayor rapidez. El problema aquí es que estamos limitados por la legislación y la imposibilidad de volar en núcleos urbanos.

Ya solo la parte visual será importante a nivel divulgación.

Sí, pero no solo. Grabar un vídeo aéreo en HD o 4K al final de una excavación es muy positivo. Te aporta un punto de vista que no tienes de otra manera. Puede incluso ayudarte a apreciar detalles que no se habían observado desde tierra.

 

¿Y cómo se aplican los drones a la investigación arqueológica?

Trabajamos con varios proyectos de investigación pura y dura, para arqueólogos y para la administración, y también hemos hecho trabajos con la Universidad Autónoma. Uno de los últimos proyectos ha sido en Cerro Bilanero, en Alhambra, Ciudad Real, donde ha aparecido un yacimiento de la Edad de Bronce. Hicimos un informe topográfico del estado previo del cerro antes de que los arqueólogos se pusiesen a trabajar. Y luego elaboramos un informe similar sobre el estado final, mapeando también las terreras para saber cuánta tierra habían sacado.

¿Cómo se prepara una misión arqueológica?

Lo principal es identificar qué tipo de estructuras hay y qué tipos de restos existen. Para ello se suele hacer una inspección visual sobre el terreno, se hace una batida en busca de indicios como acumulaciones de cerámica u otros materiales de uso humano y se establece una zona de catalogación. Aquí es donde la tecnología aplicada ha traído muchos cambios. Por ejemplo, el reciente descubrimiento de lo que podría ser la ciudad romana de Caraca, en Guadalajara, se hizo gracias a un georadar que te va diciendo a qué profundidad se encuentran los objetos.

¿Cómo podrían llegar a utilizarse los drones en esta primera fase?

Se podría hacer algo parecido con una cámara hiperespectral montada en un drone, lo que luego necesitas son algoritmos que te ayuden a interpretar esa gran cantidad de datos [las cámaras hiperespectrales recogen todo el espectro de luz, visible e invisible]. También se utilizan a veces cámaras multiespectrales, como las que se utilizan para agricultura. Estas te ayudan a identificar la vegetación y, como consecuencia, el tipo de sustrato sobre el que crece la planta. Así, se pueden adivinar siluetas de muros o edificios. Es algo que se ha utilizado ya incluso en zonas de gran densidad boscosa. Desde el aire alcanzas mucha resolución y accedes a cosas que no puedes ver a simple vista, como por ejemplo cuevas ocultas en las laderas de la montaña. Los drones te permiten analizar el terreno previamente, de forma rápida y con mucho más nivel de detalle.

¿Quiénes demandan más este tipo de servicios?

Normalmente, arqueólogos o empresas de arqueología y la administración. Aunque también hacemos trabajos de topografía y geomática al margen de la arqueología. Utilizamos técnicas similares para labores de inspección para ingenierías, ya que el drone te permite recabar datos de lugares en los que es peligroso tener personal humano. Por ejemplo, hemos hecho inspección en vertederos, para medir volúmenes, en colaboración con una ingeniería. No puedes tener personas trabajando sobre las laderas de un vertedero, es muy peligroso.

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Volviendo sobre la arqueología, ¿qué proyectos de Virtua Nostrum han sido más significativos?

Últimamente, el de Cerro Bilanero, porque hemos utilizado drones. Está triunfando bastante porque es un yacimiento de la Edad de Bronce y se están utilizando los drones para la investigación. Está teniendo bastante impacto científico. Además tenemos el proyecto Arqueovuelos, un proyecto personal de divulgación. Mediante vídeo y fotografía aérea intentamos recuperar yacimientos poco conocidos e incluso abandonados. De momento tenemos dos capítulos y estamos intentando llevarlo al terreno educativo.

¿Qué impacto pueden tener estas nuevas herramientas en la divulgación de la arqueología?

La divulgación hacia el público general es algo que falla bastante. Tradicionalmente, la arqueología española no ha sido partidaria de divulgar los descubrimientos, aunque esto está cambiando. Se entendía que mantener el secreto era una forma de evitar el expolio. Ahora se busca más informar al público para que la gente se apropiarse mentalmente del yacimiento, que considere el patrimonio arqueológico como suyo y nos ayude a protegerlo.

Contra el expolio del patrimonio, ¿es mejor el secreto o la información?

En casi todos los sitios hay bastante expolio. No es algo que suceda solo en Siria, en España hay mucho expolio arqueológico. Son redes que saben perfectamente dónde están los yacimientos, dónde encontrar los objetos que demanda el mercado negro. Por eso mantenerlos en secreto no sirve para nada. Es mejor informar y concienciar.

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